viernes, 2 de agosto de 2013

Una mañana un poco extraña.

Desperté pensando que era tarde, que mi habitación tenía mucha luz y que no importaba ninguna de las cosas anteriores. Era sábado, no tenía clase y acabé volviendo a dormir. Volví a despertar notando un golpe en mi espalda, ignorándolo volví a dormir. Un momento, pensé, ¿era mi cama antes tan dura?.
-Hey niño, arriba-dijo una voz grave y desagradable- ¿qué dirían tus padres si te vieran dormir en la calle?

Mirando ahora a mi alrededor vi un parque, algo cutre y bastante lejos del sitio en el que vivo, me incorporé y mirando a un extraño con bigote zarandeando una escoba respondí a su pregunta.

-Lo podría saber si hablara con los muertos.

Reprimiendo la mayor sonrisa de las últimas semanas vi cómo la cara del barrendero se quedaba blanca, ingenuo yo pensaba que por mi comentario.
De camino a mi casa sin camisa y con solo unos vaqueros, no podía usar el transporte público así que decidí aprovechar y correr un poco y así entrenar algo. Mientras corría  pensaba en que habría hecho yo la noche anterior, recodaba estar jugando a la Play tranquilamente me llamaron me vestí bajé las escaleras y puff, ahí acabó todo recuerdo de su noche, tenía agujetas en todo el cuerpo así que debió de ser espectacular aunque lo de la memoria era raro. No bebo, ni fumo, mi única droga es el muay thai del gimnasio de mi tío, debería averiguar que pasó con mi memoria. Bueno da igual.
Una vez en el complejo residencial y preguntando donde podrían estar mis playeras y porqué solo tenía los vaqueros y no calzoncillos, saludé al portero y este grito más como niña pequeña que de exguardaespaldas y se me acerco diciendo.
-¿Chaval que tienes en la cara?¿quieres ir al hospital?
-¿De qué hablas?-pregunté extrañado y acercándome al espejo que había tras el puesto de portero para verme.
-Por dios parece que te han untado la cara en sangre.

Y era cierto, lo parecía, tenía en ese momento más sangre en la cara, seca, que la que me hubiera hecho hasta ahora pelándome las rodillas entrenando o cualquier caída, extrañado fui al baño de la portería y me traté de lavar la cara.
Debajo de toda esa sangre seca y algo de suciedad estaba yo, normal, intacto, importándome una mierda incluso tener la cara llena de sangre, mis ojos verdes, mi pelo negro demasiado oscuro para una piel casi aceitunada más bien morena.
Pasado el susto el portero se hecho a reír diciendo que lo que no se viera en ese edificio no se veía en ninguna parte y tras su soliloquio entre en el ascensor pulse el 12 y llegué arriba, no se porqué pero hay una planta para una sola puerta un solo piso, mi ático.
Abriendo la puerta entre mientras decía par ami mismo casi cantando "Ya estoy en casa~~."
No iba a responder nadie, por lo menos con palabras.
El porqué es algo complicado, a veces cuida de mi mi abuela que vive dos pisos por debajo pero en lo que respecta a mis padres apenas los recuerdo, al parecer yo estaba enfermo o me había pasado algo y me llevaban al hospital cuándo tuvieron un accidente de tráfico, inmediata mente me hice el niño de 4 años más rico del país. Sus inmensas fortunas es prácticamente todo lo que me queda de ellos y esto me podría haber sido lo que dio pie a mi aislamiento paulatino de la realidad hasta que entre en una secundaria pública sin que nadie supiera que yo era millonario.
-Okami ven aquí chico-dije al entrar en mi casa-.
Con esta llamada un pequeño perro lobo checoslovaco con  apenas 8 meses de edad corrio hacia mi y lo saludé cariñosamente, metódicamete me cambie a una ropa mas comoda y le puse la comida a mi perro y mientras el comia y yo pensaba en que desayunar me subi a los aros que tengo en el techo de mi cocina y  entrené durante una hora.
Estamos a 14 de septiembre y mañana comienzo las clases otra vez. Veamos qué tal va...