miércoles, 1 de junio de 2016

"La caza de los tatuados" 1.Caminando entre ovejas.

No sabría cómo empezar el primer pasaje exactamente, pero bueno. Lo primero es decir que este libro no va sobre mí. Lo escribo yo, casi a la fuerza, un poco obligado. Yo era ayudante de un escriba antes de que todas estas locuras empezaran.
Llegaron a la ciudad como una tormenta, solo eran 5 pero en un abrir y cerrar de ojos mataron a más de 100 hombres, y de la manera más brutal se hicieron camino entre el ejército y la ciudadanía hasta llegar al castillo y asesinar al consejo de Rashemen. Ahora los han suplantado, ahora dominan al ejército, ahora ya nadie se acuerda de los soldados muertos. Ahora nadie recuerda a esos nobles que se daban aires de superioridad por el reino. Llegaron y bajaron los impuesto, “algo habrían hecho esos nobles” “¡Nos estaban robando!” he escuchado decir a los aldeanos de a pie a un año de la masacre. La excusa para el caos y la barbarie, la excusa para poder dormir tranquilo porque ahora el poder se divide en menos gente, esta todo más controlado.
Sobre el episodio de la desaparición de más de 400 nobles el 2º día de su llegada a la ciudad no he encontrado mucho, solo algún testimonio de soldados borrachos diciendo que los mataron con sus propias manos en la plaza del pueblo después de acordonarla, algo bestia me parece incluso para ellos.
Hace un tiempo que les sigo y me obligan a escribir sobre ellos, hace un tiempo que perdí mi nombre, ahora me llamo “¡Oye chico!”, o bien “¡Dibuja esto!”, o algo más como “Quédate detrás nuestra cuando aparezca el dragón.” Porque a así son en su día a día.
Al principio creía que era una broma, pero he ido descubriendo que puedo hace magia, la he desarrollado a base de dibujar escenas para ellos y mantenerme a salvo, no entiendo cómo ha sido el proceso exactamente, pero un día fui con mi señor Wakaso a cazar bestias (el cazaba, yo lo describía en papel) y fui capaz de hacer mi primer conjuro por sorpresa, sin apenas darme cuenta, invoqué mágicamente tinta y plumas como las que tenía en mi habitación. Con los años uno mejora en esto de escribir y dibujar todo el rato todo lo que pasa en momentos de tensión, pero para ellos no era suficiente y su explorador (que al parecer también es ducho con la magia) me ha regalado una serie de plumas mágicas que me permiten hacer más rápido y mejor mi trabajo.
Pero como he dicho antes, esta historia no va sobre mí.

Iban nuestros héroes en busca de lo que insinúan que es un dragón rojo, atravesando grandes distancias marchando por un camino mágico que generan con un pequeño farolillo  robado a un hada (historia que leerán en otro pasaje seguramente, cuando consiga que me la cuenten). Es un camino mágico que acelera tu velocidad de viaje e ignora cualquier problema que pudiera surgir a la hora de caminar cualquier terreno, me he visto caminando sobre el agua gracias a él, es una maravilla tal que ojalá las mentes de los lectores se lo puedan imaginar correctamente. Estábamos caminando y dejando atrás las grandes extensiones de ovejas gigantes de la pradera cuando llegamos al límite entre las colinas y la cordillera montañosa a la que nos dirigíamos sin casi advertir que habíamos llegado.
A partir de allí estuvieron inspeccionando el paisaje unas horas, buscando cualquier pista o indicio de que hubiera un dragón o una guarida de dragón en la zona, el mago con sus conjuros, el bárbaro rastreando, mientras que el pícaro se sentó a observar las montañas fijamente en lo que le daba de comer a su dragón azul (el cual puede cabalgar, pero eso os lo cuento también en otro pasaje) cuando se levanta y llama la atención de todos con un gesto.
“He encontrado, en una montaña en concreto, lo que parece ser una pequeña chimenea artificial, puede que debamos empezar a buscar por ahí” dijo el pícaro. Nadie discutió, teníamos una pista en muy poco tiempo de dónde empezar a buscar a su dragón.
“Y al este de aquí hay un poblado humano que podemos usar para dormir esta noche.” Tampoco hubo mucha discusión, se levantaron acomodaron las ropas y marchamos.
El poblado parecía más un refugio que un poblado en sí mismo, con una empalizada de madera bastante alta, parecía que allí vivían gentes que sabían defenderse, llegamos estando ya oscuro y en una zona peligrosa así que, obviamente, las puertas del poblado se encontraban cerradas, pero eso para nuestros héroes no es ningún problema parece ser.
“Vamos a abrir esto” dijo el monje cuyo casco de dragón piroclástico le quedaba grande mientras se acercaba a la puesta y asía un pequeño manillar para una portezuela tallada en el gran portón que tenía la empalizada.
Crack. Se había quedado con el manillar en la mano y levantó su casco para mirar a sus compañeros y encogerse de hombros.
“Jeje” dijo el gran hobgoblin Ocx lox mientras miraba a Wakaso (mi señor) y se dirigían hacia la puerta sonriendo como si de repente la situación de pretender entrar en un poblado cualquiera fuera divertida.
Y Puf. Estaba delante y no sabía describir exactamente lo que había pasado. Cada uno agarro un lado de la puerta para tirar de ella y ya no había puerta.  Solo restos por el suelo a los lados, desde dentro a oscuras se adivinaban las luces encendiéndose en la ciudad y un hombre en un puesto a la izquierda de la entrada intentando calentarse las manos con un candil, bajo una pequeña pérgola.
Me dio pena ese pueblo por un momento, pensé que todo se había acabado para ellos, pero siguieron de largo y dejaron al pobre guardia meándose en lo pantalones tras de sí, cuando el monje tras quitarse su casco consiguió sonsacarle el nombre de alguna posada en la calle principal en la que quedarse.
No sé mucho más a partir de ahí solo recuerdo al monje muy bien disfrazado de niña pequeña en lo que el explorador discutía con el tabernero donde iba a dormir su slaad rojo de 3 metros y poco de alto, en lo que mi señor entraba en la habitación número 6 (como siempre) y sacaba al montaraz que en ella se hallaba, para dormir él conmigo cerca, en el suelo, pasando los relatos y dibujos del día a limpio.

Por la mañana el pueblo seguía intacto y habían escuchado rumores de quiénes eran los que allí se encontraban, el explorador pago generosamente al posadero y nos fuimos del poblado…