No sabría cómo empezar el primer pasaje exactamente, pero
bueno. Lo primero es decir que este libro no va sobre mí. Lo escribo yo, casi a
la fuerza, un poco obligado. Yo era ayudante de un escriba antes de que todas
estas locuras empezaran.
Llegaron a la ciudad como una tormenta, solo eran 5 pero en
un abrir y cerrar de ojos mataron a más de 100 hombres, y de la manera más
brutal se hicieron camino entre el ejército y la ciudadanía hasta llegar al
castillo y asesinar al consejo de Rashemen. Ahora los han suplantado, ahora
dominan al ejército, ahora ya nadie se acuerda de los soldados muertos. Ahora
nadie recuerda a esos nobles que se daban aires de superioridad por el reino.
Llegaron y bajaron los impuesto, “algo habrían hecho esos nobles” “¡Nos estaban
robando!” he escuchado decir a los aldeanos de a pie a un año de la masacre. La
excusa para el caos y la barbarie, la excusa para poder dormir tranquilo porque
ahora el poder se divide en menos gente, esta todo más controlado.
Sobre el episodio de la desaparición de más de 400 nobles el
2º día de su llegada a la ciudad no he encontrado mucho, solo algún testimonio
de soldados borrachos diciendo que los mataron con sus propias manos en la
plaza del pueblo después de acordonarla, algo bestia me parece incluso para
ellos.
Hace un tiempo que les sigo y me obligan a escribir sobre
ellos, hace un tiempo que perdí mi nombre, ahora me llamo “¡Oye chico!”, o bien
“¡Dibuja esto!”, o algo más como “Quédate detrás nuestra cuando aparezca el
dragón.” Porque a así son en su día a día.
Al principio creía que era una broma, pero he ido
descubriendo que puedo hace magia, la he desarrollado a base de dibujar escenas
para ellos y mantenerme a salvo, no entiendo cómo ha sido el proceso
exactamente, pero un día fui con mi señor Wakaso a cazar bestias (el cazaba, yo
lo describía en papel) y fui capaz de hacer mi primer conjuro por sorpresa, sin
apenas darme cuenta, invoqué mágicamente tinta y plumas como las que tenía en
mi habitación. Con los años uno mejora en esto de escribir y dibujar todo el
rato todo lo que pasa en momentos de tensión, pero para ellos no era suficiente
y su explorador (que al parecer también es ducho con la magia) me ha regalado
una serie de plumas mágicas que me permiten hacer más rápido y mejor mi
trabajo.
Pero como he dicho antes, esta historia no va sobre mí.
Iban nuestros héroes en busca de lo que insinúan que es un
dragón rojo, atravesando grandes distancias marchando por un camino mágico que
generan con un pequeño farolillo robado
a un hada (historia que leerán en otro pasaje seguramente, cuando consiga que
me la cuenten). Es un camino mágico que acelera tu velocidad de viaje e ignora
cualquier problema que pudiera surgir a la hora de caminar cualquier terreno,
me he visto caminando sobre el agua gracias a él, es una maravilla tal que
ojalá las mentes de los lectores se lo puedan imaginar correctamente. Estábamos
caminando y dejando atrás las grandes extensiones de ovejas gigantes de la pradera
cuando llegamos al límite entre las colinas y la cordillera montañosa a la que
nos dirigíamos sin casi advertir que habíamos llegado.
A partir de allí estuvieron inspeccionando el paisaje unas
horas, buscando cualquier pista o indicio de que hubiera un dragón o una
guarida de dragón en la zona, el mago con sus conjuros, el bárbaro rastreando,
mientras que el pícaro se sentó a observar las montañas fijamente en lo que le
daba de comer a su dragón azul (el cual puede cabalgar, pero eso os lo cuento también
en otro pasaje) cuando se levanta y llama la atención de todos con un gesto.
“He encontrado, en una montaña en concreto, lo que parece
ser una pequeña chimenea artificial, puede que debamos empezar a buscar por
ahí” dijo el pícaro. Nadie discutió, teníamos una pista en muy poco tiempo de
dónde empezar a buscar a su dragón.
“Y al este de aquí hay un poblado humano que podemos usar
para dormir esta noche.” Tampoco hubo mucha discusión, se levantaron acomodaron
las ropas y marchamos.
El poblado parecía más un refugio que un poblado en sí
mismo, con una empalizada de madera bastante alta, parecía que allí vivían
gentes que sabían defenderse, llegamos estando ya oscuro y en una zona
peligrosa así que, obviamente, las puertas del poblado se encontraban cerradas,
pero eso para nuestros héroes no es ningún problema parece ser.
“Vamos a abrir esto” dijo el monje cuyo casco de dragón
piroclástico le quedaba grande mientras se acercaba a la puesta y asía un
pequeño manillar para una portezuela tallada en el gran portón que tenía la empalizada.
Crack. Se había quedado con el manillar en la mano y levantó
su casco para mirar a sus compañeros y encogerse de hombros.
“Jeje” dijo el gran hobgoblin Ocx lox mientras miraba a
Wakaso (mi señor) y se dirigían hacia la puerta sonriendo como si de repente la
situación de pretender entrar en un poblado cualquiera fuera divertida.
Y Puf. Estaba delante y no sabía describir exactamente lo
que había pasado. Cada uno agarro un lado de la puerta para tirar de ella y ya
no había puerta. Solo restos por el
suelo a los lados, desde dentro a oscuras se adivinaban las luces encendiéndose
en la ciudad y un hombre en un puesto a la izquierda de la entrada intentando calentarse
las manos con un candil, bajo una pequeña pérgola.
Me dio pena ese pueblo por un momento, pensé que todo se
había acabado para ellos, pero siguieron de largo y dejaron al pobre guardia
meándose en lo pantalones tras de sí, cuando el monje tras quitarse su casco
consiguió sonsacarle el nombre de alguna posada en la calle principal en la que
quedarse.
No sé mucho más a partir de ahí solo recuerdo al monje muy
bien disfrazado de niña pequeña en lo que el explorador discutía con el
tabernero donde iba a dormir su slaad rojo de 3 metros y poco de alto, en lo
que mi señor entraba en la habitación número 6 (como siempre) y sacaba al
montaraz que en ella se hallaba, para dormir él conmigo cerca, en el suelo,
pasando los relatos y dibujos del día a limpio.
Por la mañana el pueblo seguía intacto y habían escuchado
rumores de quiénes eran los que allí se encontraban, el explorador pago
generosamente al posadero y nos fuimos del poblado…
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