lunes, 13 de octubre de 2014

Fascinante y oscuro.

En la más oscura de las noches la luna se eleva, iluminando las nubes desde arriba y dejando a oscuras todo lo que cubren a su paso.
Saben que no es el momento pero lo disfrutan, esos pájaros negros que acostumbran a posarse en las vallas  que delimitan los campos, esas aves que según muchos humanos dan mal fario. Esos pájaros que hacen que las madres cierren la ventana si les miran desde el otro lado.
Puede que los cazadores nocturnos estén ahí fuera buscando comida, definición en la que ellos pueden entrar perfectamente, pero no se mueven están quietos esperando seguir deleitándose  mientras su color natural los confunde en una noche, tan oscura como ellos, con el entorno.
En la almena están posados no se sabe si decenas o cientos tranquilos y escuchando un rumor, un susurro, un sonido. Escuchan a la vez que observan desde la lejanía la canción que trata de cantar con un laúd y solo sus pequeños dedos. En la mesa sentada  de una manera impropia para una dama y la espalda apoyada en la ventana ignorando la poca luz que recibe desde el otro lado de la habitación pues la pequeña vela esta por apagarse en cualquier momento, parpadeando, vacilante.
Con sus suaves y dulces dedos surcados de pequeñas cicatrices en alguno de ellos y con sus yemas injustamente tratadas por las cuerdas y el corazón injustamente maltratado por un personaje que no la merece. Y teniendo una piel blanca solo superada en pureza por la sonrisa que le ilumina la cara cuándo algo le sale bien.
Llevando un vestido corto a pesar de la noche fría, porque las musas no entienden de temperaturas o de falta de composturas, ellas saben de lo que entienden y el tiempo no importa cuando lo que se te ofrecen aceptas.
Como una pareja de baile, como un engranaje como el agua de un rio que varía de invierno a verano, sus dedos se movían sobre el mástil que parecía pequeño para la canción que junto con alguna estrofa salía para dar con el aire y hacerlo vibrar. Y esas estrofas que desafiaban la realidad y el curso natural de las cosas al salir de su boca, con unos labios grandes pero a la vez discreto y una mejillas con sus pecas preciosas en las que aún hay restos de maquillaje. Maquillaje para ocultarlas, cosa que no tiene sentido, ¿cuán cruel debe ser en realidad para negarnos una belleza así? El mundo no necesita que sea perfecta, él no la querría si fuera perfecta, los cuervos no podrías estar absortos en algo que fuera perfecto.
La perfección no hace canciones ni levanta pasiones, no te saca una sonrisa para después reírte y seguir con más risas, la perfección no critica, la perfección no aprende, la perfección es molesta como todo lo que viene de esta.
Y con las notas terminando y la luz hace tiempo ya muerta la voz se apaga y todo parece vacilar la realidad vuelve a su curso normal, las sombras se agitan y se miran entre sí “¿qué hago aquí?” se preguntan, pero el momento de duda no dura mucho puesto que imprevisible como solo ella cambia de opinión y rasguea de nuevo con un sonido nuevo una canción diferente, una canción sin letra pero con historia. Como dijo una vez alguien que no era poeta esa canción que todos llevamos dentro y que nos gustaría decir que es alegre, pero mentiríamos. Ésta en concreto no era alegre pero si animada como un grupo de los noventa, como un grupo de adolescentes riendo junto a tu puerta, como las flores debajo de una venta o la posibilidad de escuchar como acaba.
Y la noche amenaza con terminar en cualquier momento pero nadie se mueve o se va, todos lo han disfrutado y parece que como todo lo bueno, está terminando. Y no hay un fin en concreto igual que no hubo estribillo fue solo un simple rasgueo, una nota rota por un golpe seco, instrumento y mesa que se encontraron y luego solo llanto. Como si hubiera estado toda la noche conteniendo la respiración el aire se transformó en viento los cuervos en su mayoría se dispersaron.

Y como si las cortara por la mitad las nubes desaparecieron a su paso y el sol llego a ese débil llanto y al pequeño y valiente cuervo que se había posado en la mesa y que parecía también desconsolado pero que trataba de consolar a aquella que lo había mantenido encantado tanto tiempo. Solo entonces a través de sus ojos vidriosos en su mesa verde oscuro ve la cría de cuervo sobre su instrumento y piensa en lo bien que un sueño le haría si quería borrar el pasado.

martes, 7 de octubre de 2014

Collares lujosos.

Vendido de un comerciante a otro, simplemente eso, mercancía. Eso es algo que tengo asumido por alguna razón no tengo la libertad de decidir las cosas más triviales, un simple collar ya me lo impide.
Un collar que llevo desde que tengo memoria, podría ser hasta bonito, de alguna manera, si no me hubiera controlado toda mi vida. Hablo de ese aro que llevan esas personas que limpiando las calles cuando estáis durmiendo, hablo de ese pedazo de metal negro en la base del cuello esa gente a la que ignoráis, continuo hablando de esa cosa con una lucecita que cambia de color dependiendo de lo que le hayan programado hacer.
Yo no pensaba que estuviera mal, desde pequeño me daban tareas pequeñas y vivía siempre a oscuras, comía de cubos grandes y negros con mucha comida a medio comer que nos ponía en nuestra habitación, nunca me falto comida ni nada de beber, hasta que tuve 8 años, cumplidos haría apenas una semana.
Yo con compañeros de mi edad y quizás algunos superiores estábamos haciendo cajas con un verde en nuestro collar hasta que a unas horas de despertarnos entro a nuestro "taller" un señor con uno de nuestros cuidadores.
Mientras nos poníamos en fila delante del cuidador la a una chica rubia agarrada al hombre que estaba esperando, no me había fijado antes, ¿tendría mi edad? lo único raro en ella era que estaba como con la piel algo marrón y tenía una ropa de color magenta, algo como un vestido largo, algo raro, nunca había visto a una chica así.
El hombre se giró hacia la chica y le dijo:
-Ahora cariño tendrás el esclavo que te prometí por tu octavo cumpleaños.
-¡Quedaos quietos!-nos gritó el cuidador.
-Pero papi están sucios, no me gustan, el de la prima Rym no está así de sucio ¡no me gustan!
-Pero cariño, podemos limpiar los después sólo acércate y escog...
-Pero papi
-Pues nada te quedas sin esclavo- dijo el señor dirigiéndose a la puerta de repente.
-No, no, no, escojo uno perdona papi
-Pues a ver te estoy esperando.
Les escuchaba, entendía lo que decían y aun así para mí no tenía mucho sentido escoger uno de nosotros, ¿para qué?
Mientras la niña se paseaba por la fila desde el mayor al menos (yo), olía muy fuerte como dulce pero ácido no sé cómo olía pero olía mucho. A lo mejor por la intensidad de ese olor mi amigo Glen estornudo al pasar la niña delante de él.
Fue lo último que hizo, antes de que la niña reaccionara, antes de que se quejara a su padre, antes incluso de que hubiera abierto los ojos Glen, ya estaba camino de volar hacia el otro lado de la habitación. El cuidador se encargó muy bien de que no pudiera volver a estornudar más, ni a caminar, ni a nada realmente, una masa sangrienta en el suelo junto a la pared, a eso se había reducido mi amigo Glen en menos de diez segundos, ninguno dijo nada , todos sabíamos que nos pasaría si se nos ocurriera comentar algo.
Aun así es niña parecía no saberlo porque dijo:
-Bueno, uno menos para elegir.
No creía lo que oía, ¿lo que iba a elegir era a nosotros?
Espera más importante, ¿por qué ella no estaba como Glen en este momento?
No, no, no, no, más importante todavía, ¿y el collar de esa chica?
Yo estaba paralizado, imagínate como me quede cuando acercándose a mi habla con su padre a gritos:
-Papiii, lo encontré, a él le quedaría bien el lila, mira sus ojos también son lilas debería ser el si, me gusta.-Me estaba señalando, yo ahí sin entender nada peor sin atreverme a respirar.
Algo me agarro del brazo, era el cuidador:
-A trabajar el resto, y tú-dijo señalando a alguien- limpia eso.
-Dáselo a mi mayordomo Tindle.
-Ahora mismo señor.
Y la chica se fue junto con su padre por el pasillo para fuera.
El cuidador diciéndome cosas sobre la suerte que corría y soltándome un discurso que no recuerdo y que creo que nunca recordaré porque estaba asustado, me llevaba agarrado del brazo, casi arrastrándome por los pasillos que yo nunca había visto hasta que me dejo en un sitio.
Como definir el sitio, a ver, era ¿luminoso?, no mejor blanco, era como blanco, hasta la gente que había ahí iban de blanco, excepto el que me agarró después del cuidador, cuando volví en mí el cuidador se había ido.
-Hola, ¿cómo te llamas?- me estaba diciendo el señor de negro que me agarraba la mano mientras me guiaba a un ascensor.
-Yo-estaba asustado- ehm ¿puedo hablar?- muy asustado.
-Por supuesto, a partir de ahora a cualquier persona con collar le puedes hablar cuando quieras, ahora tú y yo somos iguales.
No entendía a qué se refería, pero me estaba diciendo ese señor que podía hablar, ¿cuándo quisiera?
-¿Cuándo quiera?
-¿Qué?.. Oh, que puede que aún no lo hayas visto, espera ven.
Salimos del ascensor y con una sonrisa en la cara me llevo rápidamente a un baño y me puso por primera vez en mi vida delante de un espejo.
Ese era yo, lo sabía, estaba muy seguro. Ese es mi pelo, yo soy así de blanco, esos son mis ojos, ese es mi collar, esos... Espera, ¿mi collar era ese?
-Señor, ¿por qué es ahora mi collar de este color?
-Primero, dime tu nombre, eso es buena educación, y tú y yo trabajaremos eso muy a fondo.
-Violet, me llaman señor.
Se río, no pudo evitar reírse pienso ahora, ¿un esclavo que se llama violeta? Tenía que ser algo predestinado ser uno de compañía.


- A ver Violet, encantado yo soy Tindle-dijo enjugándose los ojos de la risa- el violeta en el collar significa que a partir de ahora serás un mayordomo, vivirás con, por y para la señorita.