En la más oscura de las noches la luna se eleva, iluminando
las nubes desde arriba y dejando a oscuras todo lo que cubren a su paso.
Saben que no es el momento pero lo disfrutan, esos pájaros
negros que acostumbran a posarse en las vallas
que delimitan los campos, esas aves que según muchos humanos dan mal
fario. Esos pájaros que hacen que las madres cierren la ventana si les miran
desde el otro lado.
Puede que los cazadores nocturnos estén ahí fuera buscando
comida, definición en la que ellos pueden entrar perfectamente, pero no se
mueven están quietos esperando seguir deleitándose mientras su color natural los confunde en una
noche, tan oscura como ellos, con el entorno.
En la almena están posados no se sabe si decenas o cientos
tranquilos y escuchando un rumor, un susurro, un sonido. Escuchan a la vez que observan
desde la lejanía la canción que trata de cantar con un laúd y solo sus pequeños
dedos. En la mesa sentada de una manera
impropia para una dama y la espalda apoyada en la ventana ignorando la poca luz
que recibe desde el otro lado de la habitación pues la pequeña vela esta por
apagarse en cualquier momento, parpadeando, vacilante.
Con sus suaves y dulces dedos surcados de pequeñas
cicatrices en alguno de ellos y con sus yemas injustamente tratadas por las
cuerdas y el corazón injustamente maltratado por un personaje que no la merece.
Y teniendo una piel blanca solo superada en pureza por la sonrisa que le
ilumina la cara cuándo algo le sale bien.
Llevando un vestido corto a pesar de la noche fría, porque
las musas no entienden de temperaturas o de falta de composturas, ellas saben
de lo que entienden y el tiempo no importa cuando lo que se te ofrecen aceptas.
Como una pareja de baile, como un engranaje como el agua de
un rio que varía de invierno a verano, sus dedos se movían sobre el mástil que
parecía pequeño para la canción que junto con alguna estrofa salía para dar con
el aire y hacerlo vibrar. Y esas estrofas que desafiaban la realidad y el curso
natural de las cosas al salir de su boca, con unos labios grandes pero a la vez
discreto y una mejillas con sus pecas preciosas en las que aún hay restos de
maquillaje. Maquillaje para ocultarlas, cosa que no tiene sentido, ¿cuán cruel
debe ser en realidad para negarnos una belleza así? El mundo no necesita que
sea perfecta, él no la querría si fuera perfecta, los cuervos no podrías estar
absortos en algo que fuera perfecto.
La perfección no hace canciones ni levanta pasiones, no te
saca una sonrisa para después reírte y seguir con más risas, la perfección no
critica, la perfección no aprende, la perfección es molesta como todo lo que
viene de esta.
Y con las notas terminando y la luz hace tiempo ya muerta la
voz se apaga y todo parece vacilar la realidad vuelve a su curso normal, las
sombras se agitan y se miran entre sí “¿qué hago aquí?” se preguntan, pero el
momento de duda no dura mucho puesto que imprevisible como solo ella cambia de
opinión y rasguea de nuevo con un sonido nuevo una canción diferente, una
canción sin letra pero con historia. Como dijo una vez alguien que no era poeta
esa canción que todos llevamos dentro y que nos gustaría decir que es alegre,
pero mentiríamos. Ésta en concreto no era alegre pero si animada como un grupo
de los noventa, como un grupo de adolescentes riendo junto a tu puerta, como
las flores debajo de una venta o la posibilidad de escuchar como acaba.
Y la noche amenaza con terminar en cualquier momento pero
nadie se mueve o se va, todos lo han disfrutado y parece que como todo lo bueno,
está terminando. Y no hay un fin en concreto igual que no hubo estribillo fue
solo un simple rasgueo, una nota rota por un golpe seco, instrumento y mesa que
se encontraron y luego solo llanto. Como si hubiera estado toda la noche
conteniendo la respiración el aire se transformó en viento los cuervos en su
mayoría se dispersaron.
Y como si las cortara por la mitad las nubes desaparecieron
a su paso y el sol llego a ese débil llanto y al pequeño y valiente cuervo que
se había posado en la mesa y que parecía también desconsolado pero que trataba de
consolar a aquella que lo había mantenido encantado tanto tiempo. Solo entonces
a través de sus ojos vidriosos en su mesa verde oscuro ve la cría de cuervo
sobre su instrumento y piensa en lo bien que un sueño le haría si quería borrar
el pasado.