O igual es que ya no vivo con miedo.
También se podría mirar desde un punto de vista más práctico y decir que no
soy útil para las cosas que uno supone que son las importantes. Y me empieza a
dar muy igual.
Ya no me duele la mandíbula tanto, he aprendido a respirar estando entre
tanto golpe y tanto excitante.
Y me jode.
Duele pensar en cosas, con instrumentales de fondo, porque cuando sales de
una habitación en la que has estado reflexionando, en la que te has replanteado
muchas cosas y de repente te das de frente con la realidad, te sientes imbécil.
Hablo de mí al menos, pero hablo de mí como si hablara de ti, y es que en
realidad lo que escribo es ambiguo mientras espero que me entiendas.
Escribo a veces sin pensar, pero cuando escucho creo que pienso. Que de
verás pienso.
Mira para atrás un poquito. No detrás de ti, ni arriba en este escrito.
Hablo de que te mires a ti y a tu pasado, solo un poquito. No eres tonto (tampoco
voy a decir que seas listo) así que plantéate la cantidad de burradas que has
podido decir o hacer la última semana.
Si son muchas dime, ¿cómo llegaste a hacer eso?
Y si son pocas, ¿Por qué te mientes a ti mismo?
Ya si no quieres aceptar esta línea de pensamiento, por ambigua, nihilista o
lo que quieras pensar, te pido un favor. Plantéate hasta qué punto algo es
aburrido.