miércoles, 1 de marzo de 2017

Mantas.

O igual es que ya no vivo con miedo.

También se podría mirar desde un punto de vista más práctico y decir que no soy útil para las cosas que uno supone que son las importantes. Y me empieza a dar muy igual.

Ya no me duele la mandíbula tanto, he aprendido a respirar estando entre tanto golpe y tanto excitante.

Y me jode.

Duele pensar en cosas, con instrumentales de fondo, porque cuando sales de una habitación en la que has estado reflexionando, en la que te has replanteado muchas cosas y de repente te das de frente con la realidad, te sientes imbécil.  Hablo de mí al menos, pero hablo de mí como si hablara de ti, y es que en realidad lo que escribo es ambiguo mientras espero que me entiendas.

Escribo a veces sin pensar, pero cuando escucho creo que pienso. Que de verás pienso.

Mira para atrás un poquito. No detrás de ti, ni arriba en este escrito. Hablo de que te mires a ti y a tu pasado, solo un poquito. No eres tonto (tampoco voy a decir que seas listo) así que plantéate la cantidad de burradas que has podido decir o hacer la última semana.

Si son muchas dime, ¿cómo llegaste a hacer eso?
Y si son pocas, ¿Por qué te mientes a ti mismo?

Ya si no quieres aceptar esta línea de pensamiento, por ambigua, nihilista o lo que quieras pensar, te pido un favor. Plantéate hasta qué punto algo es aburrido.