miércoles, 30 de septiembre de 2015

Decaída.

  Recuerdo que todo estaba demasiado claro al principio, había ruido, pero no se que sentí primero, el ruido de los coches en la autopista o la luz de la mañana entrando directamente por esa gran ventana. Pues no puedo recordarlo exactamente, pero recuerdo bien otras cosas, recuerdo despertarme en esa cama pseudoreclinada con una especie de bata bajo la que no llevaba nada y un incómodo olor a antiséptico.

  "Supongo que fallé". Recuerdo pensar, pues estaba en el hospital, sin muchas heridas realmente. Es triste saltar, pero más triste sobrevivir a la caída. Y así me encontraba yo, triste y lamiéndome las heridas (en sentido figurado claro) hasta que me da por analizar un poco mejor mi futuro cercano.

  La persona que esta acostada en una silla junto a mi cama, no es la que me habría gustado, podría haber hecho una lista con personas que prefería haber visto, no porque la quisiera más, o en un caso menos, si no por como llegaría a explicárselo, pero bueno era lo que tenía y debía aceptarlo, y agradecerlo.

  Ya harto de ser un sujeto pasivo despierto en una cama cada vez más incómoda me incorporé, me dolía todo. Por Dios, recuerdo haber dicho antes de eso alguna vez que me había levantado como si me acabaran de dar una paliza, pero al lado de eso y de como me levante de esa cama, el resto de mi vida me he levantado, como mucho, entre algodones. Me siento después de mirar que es lo que más me duele y dejo caer las piernas por el borde de la cama mirando la ventana, para ver mi propio reflejo. Pero que guapo estaba, no se si es mi narcisismo auto-inculcado o el hecho de que pocas veces me veo tan atractivo y con esa mirada tan enigmática que ha día de hoy no puedo repetir, pero a pesar de estar yo guapo, más guapa estaba ella sentada. Me entró la risa floja, cuando pensé en follármela justo ahí, con el cuero cubierto de heridas y con una vía en la muñeca, nunca fui un ninfómano ni un pervertido, pero es que le quedaban tan bien las ojeras a ella y los libros usados como manta, que era una visión irresistible, era como ver un accidente natural, estaba todo como se supone que debía estar cuando la veía así. Además de guapa estaba impresionante, no pude soportar seguir viéndola y no hacerle nada, le dí una patada.

  Se despertó de mala gana, me miró con cara de muerta, tardó lo suyo en asimilarme y quitar esa cara. Y sonrío, no se si lo he podido transmitir bien, sonrío pero no del verbo sonreír, sonrío de verdad, desde lo más profundo de su ser, fue una sonrisa perfecta, fue una sonrisa atroz también, era tan bonita como un cuchillo bien afilado y este me habría hecho menos daño en ese momento. Y sonrío, le devolví cara de extrañado, se levanto a abrazarme. Entonces se me ocurrió una idea genial, lo más gracioso que se me podría haber ocurrido hasta la fecha. La esquivé y puso una cara más preocupada.

  "¿Quién eres?". No podéis imaginaros su cara, ni la "O" perfecta de sorpresa que se le quedo en la cara rompiendo todos sus esquemas. Balbuceó algo, un "pero.." o algo parecido cada vez más bajito, estaba a punto de llorar  estaba rota, estaba incluso más hermosa que antes. y antes de que muriera por dentro no pude hacer otra cosa que reírme, me reí de ella y eso la desconcertó al principio, pero había demasiado tiempo juntos en nuestras vidas para no entender a los pocos segundos que había sido una broma.

  Lloró, me golpeó y se desahogó haciéndome daño donde ya tenía heridas mientras yo tenía un ataque de risa, hasta que ella finalmente se unió a mi risa y entonces todo estaba perdonado, todo había sido una tontería, nos besamos y todo estaba como antes, todo volvía a ser bonito en ese instante, si no fuera por el hospital y todo eso.

  Fue estúpido lo fácil que puede engañar a cualquiera una sonrisa y poner cara seria a veces, el tener planes de futuro, pero en el momento en el que dije en voz alta mientras me miraban raro  que "¿Por qué iba yo a querer suicidarme?"  me creyeron. Me creyeron cuando les dije que había ido a ese sitio a ver el mar antes desde lo alto, me creyeron cuándo les dije que me resbalé, creyeron que tenia planes de futuro ya empezados y lo confundieron con ganas de seguir viviendo. No podía ser que alguien tan alegre se intentara suicidar.

  En un par de semanas ya podía caminar bien con algo de rehabilitación, pero el psiquiatra me mantuvo una semana más porque no podía estar seguro, al final no me receto nada en particular, solo que evitara el alcohol por un tiempo y que hiciera ejercicio, imbécil finalmente.

  Y salí como si no hubiera pasado nada, como un árbol en medio del bosque, ese era yo, tenía mi máscara bien puesta, con su media sonrisa y sus nuevas cicatrices. Y al final ella, no ha llamado siquiera.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Soy gente normal

Paredes  con cuadros que te llenan de recuerdos, cuando aún las tienes delante.

¿Sabéis esa sensación de emoción que se siente cuando te cuelgas de algo y solo de ti depende el continuar? ¿Recordáis lo que es un borde? Cuando miráis un cuadro que os gusta, ¿qué sentís?

La verdad es que yo no tengo mucha idea de cómo responder a estas preguntas realmente, puedo recordar puedo sentir puedo vivir esas cosas, pero no responder a estas preguntas. Para responder algo así bien creo que debo entenderlo primero y no me encuentro en ese caso, yo soy de los que necesita los bordes, aunque tenga que crearlos, soy de los que hace la vida peligrosa porque si no, no le parece la gran cosa.
Me gustan los cuadros, incluso aunque sean una mierda. He pintado y entiendo lo que se siente, recuerdo pintar una sabana sin animales, solo ese amarillo infinito y sus pocos árboles, ahora lo recuerdo y pienso que a lo mejor eso debo sentir con los cuadros aunque no los haya hecho yo. Cuando veo un cuadro me imagino como me debo sentir respecto a lo que veo, no lo siento directamente, me alejo de lo que debería sentir realmente. Hay que sentir, hay que machacarse a uno mismo con eso, no pienses mucho, siente.
Que aburrida sería la vida sin algo de emoción, sin un cuchicheo, sin pedir dos deseo cuándo ves una sonrisa fugaz, como dice la canción. Entonces, cuando no hay emoción ¿qué hacer? Crearla.
Crear emoción, buscar algo más divertido, más grande, más atrevido, algo en general más emocionante y en particular (como experiencia personal) algo más estúpido. Sí, hay que hacer estupideces, contar chistes de mierda, y los váteres que la contengan, aunque estos váteres también merecen evacuar de vez en cuando, enróllate con la vida y sus formas expositivas, discute poniéndote de parte de algo en lo que no estás de acuerdo, confunde a tus amigos y diviértete, con poco, con nada, con todo.
Dicen que los sitios solo merecen la pena por la gente con la que vas, no lo creo hay sitios que merecen la pena por sí mismos. Dicen que por otro lado lo contrario, que hay sitios a los que hay que ir da igual con quién, no lo creo siempre querrás compartir ese sitio con alguien. Dicen muchas tonterías y te digo que yo no me las creo, yo las veo, yo digo mis propias tonterías y tengo mis propios sentimientos, yo escucho baladas y pienso en las ovejas, miro un prado y pienso en música, no tiene que tener sentido para otro, ni siquiera lo tiene que tener para ti.

Mi conclusión es un cliché y es básicamente que los clichés no existen. Somos lo que somos criticamos lo que queremos criticar y si eso es lo que nos va y nos gusta, llamaremos raros a otros creyéndonos “normales”. A disfrutar, la vida son tres páginas y no sé si voy por la primera, la segunda o la tercera.