Acciones memorables que deberías tener en tu cabeza de por vida, cosas importantes que al recordarlas mantendrían tu moral subida, bienes que no se deberían ir porque los atesoras en tu mente, recordar no es difícil solo para cobardes, también lo es para valientes.
Ese miedo a perder lo vivido, por no poder verlo de nuevo, que inunda la cabeza del que no puede ver en sí mismo o en su memoria lo que otros le relatan, cuando tienes la certeza de haber estado ahí, de que tomaste un papel importante, de que en ese momento eras alguien, y no poder verlo. No recordarlo, ni intuir ese momento en el que fuiste importante.
Esos borrones en tu vida que tratas de aclarar con todas tus fuerzas, y no puedes. Sabes que no volverás a tenerlos en tu cabeza, sabes que los has perdido, y que lo mas probable es que fueran necesarios e importantes para llegar a lo que eres hoy.
Ahora toca vivir sabiendo que no puedes recordar esos pequeños detalles que han hecho de tí quien eres, pequeñísimos, para el que tenga suerte. Otros en cambio viven con lagunas en su historia del tamaño de semanas, o meses incluso años. Estos últimos entienden y viven que es envejecer de la peor manera, ver pasar el tiempo, y no retener los sentimientos que te gustan o que quieres revivir una y otra vez. A estos les toca vivir un presente incierto con la posibilidad de cometer errores cometidos en el pasado y no saber como en su momento los arreglaron.
Vivir por vivir, no es vivir. Si vives para olvidar no vives para mejorar, no te ves en una posición mejor ni más feliz en un futuro que se te viene en cima como una sucesión de acontecimientos imparables e incontrolables.
Pero hay un punto en el que seguramente te de igual olvidar, sabes que ese fragmento de memoria lo olvidarás.
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