miércoles, 6 de mayo de 2015

El principio.

Las historias, tienen un principio, un principio por el cuál no suelen empezar, por eso a mí me gustaría dejar claro desde un buen principio que los finales no borran los comienzos, ni siquiera los concluyen, son cosas a parte que no están al principio, esas van al final.
“Con la luz de la mañana, se despertaba la ciudad, con la noche huyendo por momentos y el violeta del cielo desde hace rato desapareciendo. Casas muy juntas y hechas a destiempo, dejando pasillos y callejones por doquier, adornados estos por piedra en su suelo, adoquines rectangulares pero lisos después de tanto ser usados.
En su calle principal formaban un mosaico, las farolas apagadas y el suelo empedrado y los pocos que estaban ya en pie estaban en ella trabajando. El panadero sacando sus mostradores a pie de calle mientras sus barras y panes se horneaban con cuidado en la parte anterior de la tienda, el lechero repartiendo botellas de cristal casa por casa y recogiendo las que el día anterior dejaron en la entrada, un encargado del ayuntamiento reponiendo y apagando las farolas que la noche había encendido, poco más junto a las cafeterías y repartidores que apenas se agitan a esas horas.
En una de las calles aledañas. En una de las casas de piedra con un tono amarillo envejecido. Había una luz, una luz que salía de la ventana de un segundo piso. En ella una estufa aún encendida calentaba lo que se podría decir que era salón y a la vez cocina junto a una madre cansada apoyada en la mesa y sentada en una silla vieja de madera, mirando llorosa la luz titilante de lo que puede que hace horas fuese una vela.
Con la tetera al fuego se despertó una criatura en un cuarto cercano, que salió al pasillo viejo y de madera descalzo, con su pijama barato algo sucio y con la cabeza algo atolondrada, restregándose los ojos con la derecha mientras caminaba, arrastrando la otra mano con la que su libro agarraba, un libro blanco y con alguna mancha. Llego a la habitación con una madre que al verlo no pudo evitar una sonrisa cansada.

Así comienza la historia, la historia de un niño y su libro.”

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