lunes, 21 de mayo de 2012

3.El embarque grisáceo.

Con su conciencia como principal fardo el erudito se sentía culpable de acto que estaba por cometer.
En una mañana neblinosa la ciudad era gris, completamente gris, la gama completa de grises daba vida a Earthalia, capital de las islas azules y sede del comercio en occidente.
''Gris como mi túnica, gris como mi vida...'' se lamentaba el erudito.
-Avanzad, princesa- apremió el sabio -es ese el barco que debemos coger, el rojo y amarillo con una sirena envuelta en nubes en el mascarón.
-Veo la sirena y las nubes, pero con la niebla no distingo los colores, Maestre, ¿de verdad desea mi padre que embarque en este barco tan de mañana?- preguntó la princesa con un hilo de tristeza en la voz -.
-Fue vuestra madre quien me dio la orden de acompañaros en este viaje, pero tranquila, hija, volveremos a ver Earthalia-tratando de consolar a su pequeña alteza le puso las manos en los hombros la miró a los ojos y dijo- Volveremos, te lo prometo.
Subieron por la escala y la tripulación en peso les esperaba en cubierta, el sabio siguió al capitán hasta su camarote, unos hombres se llevaron su equipaje y la princesa se quedó en estribor a pocos pasos de donde recogían la escala por la que habían subido el sabio y ella.
-Buenos días, princesa, mi nombre es Will- la saludó un chico rubio de su edad, aproximadamente - soy el hijo del capitán y estoy aquí para servirte, ¿me acompañaría su alteza hasta el camarote que le hemos preparado?.
-Po-por supuesto- contestó la princesa ruborizándose -.
-Te mostraré lo divertido que puede ser un viaje en barco, no prometo mucho, solo que será todo lo divertido que puede llegar a ser.- parloteaba el joven de manera sonriente tomándola de la mano y guiándola- Y este es tu camarote, princesa,- dijo frente a una puerta al nivel de la cubierta principal por el babor de la goleta - si me necesitáis o requerís de mi presencia estoy en el lado opuesto del barco en unas instancias iguales, buenos días, princesa.
-Deja de llamarme princesa, mi nombre es Myrella- contestó la princesa - y volved pronto que tardaré poco en acomodarme.
-Como ordenéis- contestó junto a una reverencia exagerada mientras besaba la mano de Myrella -, mi princesa...

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