A la luz de una vela, el papel daña los ojos, tras un tiempo de lectura que ya no se recuerda cómo empezo. Levantando la cabeza el anciano mira a su alrededor "Es tarde -pensó- la luz no se filtra por la ventana". Con una tira de cuero marcó el libro que estaba leyendo, y lo cerró. Mirando la montaña de libros que había leído desde que empezó agitaba la cabeza en señal de negación. "¿Cuándo fue que comí por última vez?, me hago viejo hasta para leer, y eso que pensaba que era cosa de viejos. Pero no, necesitan de mi consejo, debo seguir buscando precedentes para este hecho."
Esta es la vida del erudito, el consultor, el sabio, el consejero, la vida de aquejáis dedica su vida a los que le piden consejo y a su cultivo personal, mental e intelectual.
"Comeré un poco y continuaré".
Empujó esa puerta de roble ancha y pesada que guardaba la gran biblioteca con una vela en la mano. "Cada vez chirría más esta vieja puerta, como el que la empuja" se compadecía el anciano.
Caminó hasta la cocina que se encontraba al otro lado de la fortaleza, despertó a un par de mozos de las cocinas y comió algo caliente, algo de estofado con carne, les pidió que le acercaran una jarra con vino y una copa a la biblioteca en la que seguiría con sus libros.
Volvió en procesión hasta su guarida con un mozo por séquito. Lo despidió una vez dentro, se puso una copa de vino y continuó, "Debo seguir buscando precedentes de este hecho, debo seguir..."
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