viernes, 4 de mayo de 2012

La extrema complicación de la incomprensión.


La extrema complicación de la incomprensión

Se despertó con la vista ennegrecida por las legañas, la noche anterior se había acostado demasiado tarde. Pensaba en lo cansado que estaba y se planteaba disminuir su ajetreado ritmo de vida, al poco descartaba tal idea pues disfrutaba mucho con lo que hacia.
 Entre ensoñaciones y diferentes razonamientos existenciales se dio cuenta de lo mojado que estaba allí donde yacía. Preocupado como estaba decidió intentar volver a dar una cabezadita, pero el temor de una futura represalia por parte de sus responsables lo mantuvo en vilo y lo terminaron por desvelar. La luz del alba no amenazaba con despuntar a través del opaco manto de la noche que todo lo cubría, dándose cuenta de la oscuridad que se cernía sobre si volvió a intentarse dormir poniendo la cara de lado y dando la espalda a esa inmensidad oscura y pavorosa que era la noche sin luz.
 Habiendo conseguido la hazaña de rendirse a los brazos de Morfeo tras semejante serie de desdichas pudo acceder a sus sueños en los que lo que quería era solo disfrutar de una vida tranquila, sin agobios ni prisas, tener una vida resuelta, no  temer a cosas como la oscuridad o un despertar húmedo, poder comer cuando quisiera y no cuando le impusieran, hablar sin miedo a ser corregido y poder decir cosas que al parecer para el estaban censuradas, una vida que fuera vida y no esa constante letanía que era existir por existir noche y día, sin sueños ni ambiciones, solo imposiciones, el que sus únicas diversiones eran impuestas, controladas y estrictamente supervisadas. Con todo eso y más soñó pues en los sueños hasta las cosas imposibles se hacen reales, hasta las más míseras minucias por arte de magia los sueños conceden, siempre y cuando sea lo que de verdad quieres.

Tiempo atrás de la salida de un alba esplendoroso  fue despertado, y entre gritos y llantos a su superior intento decir que había miccionado mientras dormía pero nada le hacia caso pues no lo entendía, su única respuesta fue:

-Hijo mío, ¡es que contigo no ganamos para sabanas!

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